FIESTA

¡Vaya con cuidado! me dijo cuando ya me iba. ¡Vaya con cuidado!¡Vaya con cuidado! Y le respondí desde la calle levantando mi brazo en señal de despedida. Por la acera, de esquina en esquina, de Fiesta de agosto por la acera de enfrente, sorprendido de mí mismo y de mi gente, embriagado de espectáculos, de felicidad y alegría, de  Concursos de Cortadores de jamón, de Carnaval, Senderismo, Capeas, Teatros,  de Fito, Melody, éramos dos, el médico de la Seguridad Social y yo; soy Cumbres Mayores, el uno con el otro apoyados en un árbol de la carretera de la estación, él, evidente, más sereno que yo, sin perder la lucidez, amable, me dijo sin perder tampoco su sentido del humor que mis monólogos son brillantes por su técnica, estilo y excelencia... pero, entrados ya  en la conversación junto a las  casas cerca del paseo y desde la pendiente el teatro de la vida nos llevó a charlar tranquilos de la novela, el cuento, los relatos cortos. ¿Cuénteme? ¿Cuénteme? —Me sentía feliz y dispuesto a hablar cuanto hiciera falta porque el tema me entusiasmaba.  Todo consiste en escribir de forma continuada, sin impaciencia, sin pesadez, sin pedantería—. El médico me miraba atentamente. El médico sabía escuchar interesado de verdad en lo que le estaba diciendo. Como en las Fiestas de agosto, en los Concursos, en el Carnaval, el Teatro, en el Senderismo, las Capeas, Fito, Melody los personajes tienen que estar en una novela por voluntad propia, cada uno en el lugar que le corresponde, como si estuvieran vivos. Resulta divertido, bastante difícil al mismo tiempo, convencidos de su papel en la literatura a pesar de que saben que son creaciones tuya, los personajes juegan con tu obsesión, protestan si coges todos tus escritos y los guardas en el último rincón de la casa, se rebelan con un murmullo creciente que se hacen gritos si acabas por olvidarte de ellos. Pero resistirse a la tentación de seguir escribiendo no te lleva a ninguna parte. Y empiezas de nuevo con mayor empeño que nunca. ¿Cuénteme? ¿Cuénteme? El médico me miraba atentamente. El teatro de la vida dentro y fuera del paseo nos ponía al alcance de la mano un gran número de protagonistas de historias de aventuras, de amor, de locuras, de robos con premeditación y alevosía. Un clásico: Miguel echó un vistazo dentro de la casa después de romper con violencia la cerradura de la puerta; reflexionó algunos segundos, sacó un librito de papel del bolsillo del pantalón y con la habilidad de siempre lío un cigarrillo sin dejar de moverse y trastear por el salón y las habitaciones. Por  la cocina. Por el  cuarto de baño. Sus facciones en la noche resaltaron frente al espejo. Con los guantes de látex maniobró por todas partes. Pero el mechero. ¿Dónde dejó Miguel el mechero la noche de autos?  De Fiesta de agosto de 2024. 

¿El mechero... ? ¿El mechero...? 

El mechero. La colilla.  Las huellas y el  ADN, las pruebas. Conjeturas, por lo pronto todo son conjeturas. La investigación sigue su curso. La juez ha decretado el secreto del sumario.

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