Verano rojo
En ocasiones para comprender el mundo lo mejor es apartarse de él, mantenerte a distancia, recogido el espíritu entre rumores de piedras del pasado, en ocasiones he oído a los cumbreños quejarse de mi, que aquí no hay ambiente, que no hay vida, y sin embargo nuestro cielo, nuestras calles , sus casas y fachadas, todo contribuye a crear un universo distinto , especial, donde el corazón se engrandece y se sacia el alma alimentada de recuerdos, nuestro estilo, si es que existe, por razones de economía, de la costumbre y los sentimientos, se ilustra, a diario, en el Casino, los bares y tabernas, pero, como pueblo no carezco de nada, ni de monumentos, ni de benefactores, lo sabéis, la nómina de vestigios, de tanto vestigio de la prehistoria, el románico, el gótico, el barroco, el romanticismo, se nos viene a las manos en placitas polvorientas, la Cruz del Altozano, sus altares y sus rostros, sus caras, las de mis hijos empeñados en levantar en pleno centro...