Sevilla
Era la mejor ocasión, la más propicia para embarcar a las Américas. Pícaros, rufianes, chamarileros, clérigos, prostitutas, comerciantes, inquisidores, carreteros, vendedores, soldados, gente de mal vivir, marinos, pilotos, nobles, emigrantes... daban vida a una ciudad bulliciosa, animada y cosmopolita. Sevilla era la capital del mundo. Desde la Casa de Contratación, desde el palacio del Alcázar, sede del monopolio del comercio americano, se movían todos los hilos de las riquezas y los tesoros de las Indias. Por el Arenal, Puerta de Triana, Postigo del Aceite, Puerta del Carbón o del Oro por la cantidad de plata que entraba por ella, hasta la Barqueta. Por la muralla. El río. Por el Puente de Barcas que mandara hacer el Califa Abu Jacub Jusuf, siglos atrás, con maderas sobre barcas trabadas con cadenas de hierro, hasta el Altozano y el Castillo de la Inquisición. Por el puerto y los muelles, entre carga y descarga: algaradas, riñas, peleas y reyertas. Joven, demasiado ...