Pata de Palo
—No debería ser yo el que está aquí después de tanto tiempo, viendo a estos muchachos, a esta gente sentada cada mañana fría y dura de invierno. Siento como mi vida llega a su final. No sé cuánto más pude sufrir. Cuántos cielos, y amaneceres, cuántas lunas, cuántos días de espalda a un mundo inabarcable. La vida es caprichosa. Cada uno tiene y vive su decorado. Su destino. Que en mi caso hizo un quiebro cuando apenas era un niño. —Peguerillas era un apeadero de Gibraleón ya pegado a Huelva. Un andén, y poco más, donde los viajeros subían o bajaban del tren aprisa, en marcha todavía, sin parar siquiera. La tuya no, la tuya era una "estación estación". Estación de Cumbres Mayores. Completa, tenía de todo para la época: aparcamiento, sala de espera con la ventanilla para el despacho de los billetes, andén, doble vía, cantina, y además el muelle de las mercancías. —Te hablo del tren de Zafra a Huelva. Del ferrocarril que por la ruta de la Plata nos llevaba hast...