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Mostrando entradas de abril 14, 2023

Pata de Palo

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—No debería ser yo el que está aquí después de tanto tiempo, viendo a estos  muchachos, a esta gente sentada cada mañana fría y dura de invierno. Siento como mi vida llega a su final. No sé cuánto más pude sufrir. Cuántos cielos, y amaneceres, cuántas lunas, cuántos días de espalda a un mundo inabarcable. La vida es caprichosa. Cada uno tiene y vive su decorado. Su destino. Que en mi caso hizo un quiebro cuando apenas era un niño.    —Peguerillas era un apeadero de Gibraleón ya pegado a Huelva. Un andén, y poco más, donde los viajeros subían o bajaban del tren aprisa, en marcha todavía, sin parar siquiera. La tuya no, la tuya era una "estación estación". Estación de Cumbres Mayores. Completa, tenía de todo para la época: aparcamiento, sala de espera con la ventanilla para el despacho de los billetes, andén, doble vía, cantina, y además el muelle de las mercancías.  —Te hablo del tren de Zafra a Huelva. Del ferrocarril que por la ruta de la Plata nos llevaba hast...

De coches, perros y gatos

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I. Gatos Tres o cuatro gatos. Estampas de ayer y de hoy. Escenas de la vida real. En cada una de mis  calles. En mis plazas. Liz Taylor, en el imaginario: La gata sobre el tejado de cinc. Claudia Cardinale: El Gatopardo. De una de mis vecinas su gato se cuela a menudo por la ventana abierta de la casa de enfrente. Se echa en la cama del dormitorio principal y duerme como un bendito. Dueño y señor de la estancia. El gato de mi vecina ronda de noche las gatas. Dicen las malas lenguas. Que se lo rifan, sin  pudor. Y con descaro. Detrás de una gata parda, que los ven por los tejados. Maullidos de amor se oyen. Compases de este monólogo. Mientras, el jazmín echa perfumes al viento. Mientras, la dama de noche baila con las estrellas. Sigilosa. Esbelta. Atrevida.  Parda la gata parda vista larga, oído fino. Baila. Baila... II. Perros Callejeros. Y no tan callejeros. Chicos y grandes. De la mano de los niños, de los adultos, con los mayores. Para todo. De todo. De casi todo. Perr...

Segador

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Araron el campo esclavos de la tierra. Ablandados de humildad, recios de pan escaso y duro. En sueños, susurros de la sierra. De la hierba. Ecos de la tormenta, del carro y del arado. Gris de polvo, de origen, de sendero y sementera. Errante de la vida, fatigado  de fiestas y de voces. De prendas de tela fuerte y recia. Alma de los campos. Segador. De espigas. De trébol. De luz de las estrellas. Jornalero de mieses y abedules. Errante de las matas, el aquelarre; remendón de las cuerdas y la caseta. Del postigo, la ventana, la casona. Niebla oscura. El cuco, madre, el cuco entre las ramas. Arriba el cielo azul. Abajo el plato de garbanzos, el agua fría en el cuenco de la fuente. Alma de los campos. Segador  Ardiente el beso. Embriagado de perfumes. Cae la tarde. Baja el sol. Ella junto al pozo, agitado el pensamiento. Uno en el otro. Por el pan. Por los hijos. Por la familia. Por la tierra. El surco. La espiga. El grano de la era. Fantasía de la cerca, de la cosecha.  Y de...

La Bramaera

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Un juego de palabras, un pasatiempo, una trova medieval. Una historia de amor. Y desamor. El viento borda cotas de mallas en lo alto de la sierra. Me llamo  Cumbres Mayores. En cualquier caso esto no es más que un monólogo conmigo mismo. El cerrojo blindaba por entonces, años cincuenta, sesenta, la  puerta de la casa a prueba de ocupas e insumisos. Cuarenta centímetros o más de hierro fundido daban la seguridad suficiente para dormir a pierna suelta las frías noches de invierno. El cerrojo por la puerta principal. Por la falsa, por la de atrás, la tranca. Metro y medio de madera maciza aherrojado por dentro sin piedad.  A eso de las diez: —Maria atranca la puerta. Que yo le doy el cerrojazo a la otra. A la de la calle. Los niños en la cama rendidos de sueño. El pueblo vacío. En silencio. "A la luna de enero los perros ladran, porque huelen y sienten la marimanta". Aúllan los lobos arriba en la piedra de la muralla del castillo. Aúllan los lobos abajo por los alrededores d...