El Reclinatorio
Rezaba todos los días el rosario arrodillada sobre el reclinatorio de terciopelo rojo. La luz del atardecer aumentaba de tamaño sin volverse inquietante. Una luz sobrenatural, transreal que no duraba mucho, pero que mientras dura las embarga a todas instaladas junto a la capilla del Sagrario, la Sacramental. Es un acto puro, instantáneo, que unifica las conciencias, sencillo, que auna los corazones; arrodilladas las señoras en reclinatorios de madera de haya, de olivo, de nogal, forrados de rojo, de verde, de azul. La señora del alcalde , la del médico, la del maestro. La señora del veterinario. Cada señora en su reclinatorio. En cada reclinatorio su nombre. Misa de ocho. Antes, la confesión. Ellas. Abundan, ellas, en los pecados de omisión, en lo que podían haber hecho, pero no. En la constricción. Abunda el cura en la oración. En la penitencia. En el arrepentimiento.Y no te olvides, hija mía. ¡La operación órgano vidriera! O tempora. O mores. Tiempo de postguerra. Preconcilio. Tiempo de prefijos. Me veo tendido a lo largo, en lo alto, de esta Sierra. Rodeado de montañas espinosas. Mis casas son bajas, pintadas de blanco y sus tejados resecos por el sol o brillantes por el agua, según la lluvia o las secas. Fui fundado como pueblo, supe del goce de la paz, de la desventura de la guerra. Mis calles principales convergen en otra sembrada de leyenda que se alarga y sube hasta la iglesia y baja hasta que se pierde junto al paseo por la carretera de la estación. Hasta la iglesia vestidas de negro, el velo en la cabeza, el misal, los guantes; el reclinatorio allí, ellas allí también en la capilla de la Virgen del Rosario, una capilla de planta cuadrada, bóveda de media naranja, con arcos de medio punto y dos óculos por donde entra la luz del atardecer. En un extremo la lápida con el escudo "Xaraquemada", sepultura de Pedro Pablo de Bustos Xaraquemada y su esposa Josefa Gómez Camacho. Benefactores y mecenas de la capilla. Por el camarín a la sacristía. El cura de negro, la sotana de manga larga le llega hasta los pies, cerrada, abotonada de arriba abajo. Busca algo, no encuentra el bonete de raso negro y borla morada; por su parte , el sacristán anda con el hisopo y con las velas cerca del púlpito, se para frente a la capilla que llamamos de las Ánimas, la de Santa Catalina, se para y mira detenidamente la Piedad de Joaquín Bilbao, monumento funerario de José María Morón y Barrientos. Benefactor y mecenas de los Grupos Escolares, entre otras cosas de interés. Donó 75.000 pesetas para su construcción en el año 37 del pasado siglo XX. El sacristán se vuelve por la pila del agua bendita. Comprueba el nivel. Con el Concilio, el Vaticano II, de Juan XXIII, el Papa Bueno, que se inauguró en el 62, cambió todo: la misa ni en latín, ni de espalda a la pared, mejor de cara a los fieles; la iglesia entró en la modernidad: los derechos humanos, la libertad religiosa, la participación del pueblo en los actos de la liturgia.
Ocho millones y medio de contribuyentes marcaron cada año la X de la iglesia en su declaración de la renta.
Implicados en la ayuda y el sostenimiento de:
— 70 diócesis
— 725 monasterios
— 22.947 parroquias
Con:
— 116 obispos
— 16.126 sacerdotes
Que en 2021, tras la pandemia celebraron:
— 149.711 bautismos
— 182.760 primeras comuniones
—103.584 confirmaciones
— 25.762 matrimonios.
La señora del reclinatorio de terciopelo rojo sin ser hermosa, era singular. De pupilas oscuras y la mirada inocente. Ligeramente rematados los ojos en puntas de almendra. La boca precisa, erguido el mentón. Pasados los años poseía una belleza incompleta, lejana, como si se hubiera ido diluyendo con el tiempo hasta guardar solo rasgos aislados de un antiguo esplendor.

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