Sabéis donde nace este Arias de Amor
Creencias religiosas, advocaciones marianas: Lunes de Albillo; nos adentramos a las fiestas en honor a nuestra Patrona la Virgen de la Esperanza, como un pueblo unido, siempre, junto a Ella en su ermita. Con sentimiento y fervor Cumbres te aclama. Eleva los ojos al Cielo y reza. Ella recoge su mirada. Esperanza, tu nombre lo dice todo. Principio y fin de las suplicas, los ruegos y las oraciones. Alfa y Omega, guía y compañera. Cuánta felicidad, cuánta ilusión, inundados los corazones de la suprema armonía de la fe: el Pregón, la Ofrenda de flores, la Salve, la Diana, la Hermandad y el Mayordomo con el tamborilero, los danzantes, la banda de música, la procesión. La Virgen de la Esperanza, año tras año, llega, se vuelve y sonríe, arriba, desde lo alto del camino. Lunes de Albillo, cuando suena la gaita y el tambor ya no hay horas para los cumbreños que emocionados se olvidan del espacio y el tiempo, ya todo es ermita, todo es primavera, todo es "María, modelo perfecto de mujer cristiana" como un buen día nos dijo en su homilía, desde el altar, don Demetrio López Santos, tan querido y admirado siempre por nosotros. Si el batir de las alas de una mariposa produce un ligero soplo que con el tiempo provoca un huracán de consecuencias imprevisibles en el mundo... ¿Pensamos, por un momento, la fuerza del grito que alegres y jubilosos sacamos del arcano de la memoria para decirle al viento: Viva la Virgen de la Esperanza? Indescifrable el enigma, el tesoro, el misterio; oculto, en principio, pero revelador de la herencia recibida de generación en generación como espejo que refleja la clave del grito. Fascinación por la metáfora como si por primera vez se tratara, cuántos cielos, cuántos amaneceres, cuántos atardeceres, cambios de noches y días, cuánta gente, ninguno formaríamos parte de este decorado sin su ayuda, sin su papel de mediadora: tierra fértil, tierra de Dios, camino de fe, humildad y pobreza. Lo más grande, lo más hermoso, generoso y sublime que Dios nos ha dado en la tierra: Nuestra Madre la Santísima Virgen de la Esperanza. Acción de gracias, fundidos en un abrazo nuestros corazones. ¿Sabéis el lugar donde nace cada año este Arias de Amor? Claro que aquí. Que es aquí. Donde se inventa cada abril la primavera. Donde el espíritu se arrodilla para hacerle su ofrenda de sangre y fuego. Nuestras cosas. Cosas de Cumbres. Soy Cumbres Mayores. Donde todos los mandamientos se encierran en dos: Cumbreño y Hermano de la Hermandad de la Virgen de la Esperanza. Que es una especie de vida. Una vocación. Un juramento. A lo largo de los siglos, la ermita, el camino, la fuente, el campo, por unos días todo es ciudad, muchedumbre, vida consagrada. Así lo llama el Papá Francisco. Por su intersección, la de la Virgen, recibimos cuanto somos y tenemos, con pasión, con alegría y felicidad. Un cristiano triste no es un buen cristiano, nos dice también. Quien da más, más recibe. Con esperanza, virtud que trasciende el presente y nos lleva al futuro. A la indulgencia. De la mano de la confesión digna, la celebración eucarística, la oración, la caridad y la penitencia. Tarde de primavera. Perdido en el desierto, desesperaba, entre las dunas, por un trago de agua. Nada, de arriba abajo. Inútil. Sin fuerza siquiera para ponerse en pie, caído en el suelo. Desesperado, abatido, derrotado; tendido en la arena. De pronto: el silencio. El silencio del desierto. Tranquilidad. Alzó la cabeza, el sonido leve del agua cuando fluye de la fuente de la Magdalena, había oído algo. Alentado por la esperanza se levantó y no dejó de andar hasta que encontró un arroyo de aguas limpias, transparentes y cristalinas. Porque no todo es rito. Doctrina. Folklore. Redescubrir la alegría de creer y la belleza de la fe, acertado, necesario. "Bendita tú eres entre las mujeres", le dijo Isabel a María. " Dichosa tú qué has creído" , añadió. María creyó desde el principio a Gabriel. Nuestra Madre la Virgen de la Esperanza, destello de fortaleza y de fe, nos espera en su ermita. Tradición y devoción grabada en el alma, recuerdos dormidos que brotan a la luz de la mañana. Piedras del camino, paredes pintadas, finos tapetes, manos entrelazadas. Un círculo de vida ribeteado de olas y alegrías. Sellado el bullicio entre sueños de jara y anea, de romero y cantueso, de lentisco y de retama, de musgo y verdín, de acebuches y aulaga. Aquí donde se inventa cada abril la primavera. Donde nace cada año este Lunes de Albillo. Este Arias de amor. Que no sólo es un monólogo conmigo mismo y al hilo de mis pensamientos, sino mucho más. Bastante más.

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