Pintor García Camacho
Los que nacen en mi tierra llevan en su alma mi bandera. Ribeteados sus colores de aventuras de unos hijos fieles a sus orígenes y a mis tradiciones. Espacio y tiempo. Linaje. Nacimiento. Historia. Sus primeros años, sus primeras vivencias, sus circunstancias familiares generaron su arte que con tanta gala llevaba, llevó, con
orgullo encendido, mi nombre. El nombre de Cumbres. Su pueblo que recita de memoria, que se sabe de corazón. Que ve si cierra los ojos. En un sueño: Al norte de la provincia de Huelva, al sur de Badajoz. A más de 700 metros de altitud. A más de 800 por la Sierra del Viento. De clima Mediterráneo matizado por el Atlántico. Con veranos secos y calurosos. Con inviernos fríos. Recuerdos de una vida. Que permanecen intactos, atrapados entre las yemas de sus dedos. De sus raíces y sus orígenes. Celtas: la Sierra del Coto o de Varela... Capote. Romanos: Nertóbriga. Castellano leonés: el ábside románico, tardío, arcaizante, de la Magdalena. El castillo fortaleza en lo alto del cerro. Entreverado todo de la cultura de los árabes, los beréberes y mozárabes. De las idas y venidas, de los avatares de emiratos, califatos y reinos de taifas. Hasta dar, por fin, con Sancho IV. Su abuelo: Fernando III. Que era Santo. Su padre: Alfonso X. Que era Sabio. Hasta dar, por fin, con los primeros núcleos de población: las primeras casas de adobe, barro y madera que agrupaban a doscientos o trescientos habitantes, empeñados en una muralla a lo largo de los años, de los siglos. En una iglesia, en un convento, en una ermita. Empeñados en un pueblo. Que soy yo. Cumbres Mayores. Su pueblo que recita de memoria. Que se sabe de corazón. Que ve si cierra los ojos. En un sueño. Aquí nació un día cualquiera de 1911. Miguel García Camacho. Sus padres: Manuel García y Concepción Camacho Espinosa de los Monteros. El quinto, de ocho hermanos. Aquí su infancia. Y su juventud. Era la guerra de Marruecos. La retirada de Nador. El desastre de Annual. El desembarco de Alhucemas. Al fondo: Alfonso XIII y el General Primo de Rivera. Después. 1931. 1937. 1940. Su hermano Manuel que era aviador se lo llevó con él a Madrid. Descubre, Miguel: el Casón del Retiro, el Museo del Prado, la Escuela de Bellas Artes; termina la licenciatura, saca las oposiciones. Ya es profesor de dibujo del instituto de bachillerato de Cuevas de Almanzora, en Almería. Entre tanto, ha pasado la larga noche del 36. Ahora, estas oposiciones no le sirven. No valen. Se han hecho en tiempos de guerra. Depurado. Cosas de la política. Se resisten a admitirlo en el instituto "Jaime Balmes" de Barcelona. Con suerte, llega a ser adjunto en el "Montserrat". Por derecho propio, después, número uno, repite oposiciones y le dan el " Ausiàs March". Catedrático de dibujo. Y director del mismo hasta su jubilación. Miguel García Camacho, Encomienda de la Orden de Alfonso X el Sabio, Decano Honorario del Colegio de Doctores y Licenciados de Bellas Artes de Cataluña. Pero, sobre todo, pintor y escultor que supo de las vanguardias: del cubismo de Picasso, del surrealismo de Dalí, del futurismo, del dadaísmo. Sin dejarse llevar nunca por los cantos de sirena (pasó de largo). Que no tiene detrás una vida de artista, una historia de artista. Pero sabe que hay que salirse de lo habitual, de lo cotidiano, para dejar una impronta, una huella. Muchas veces, en el estudio, se quedaba sentado en la silla mirando sus cuadros. "Muchacha sobre fondo verde", "Muchacha sobre el túnel del tiempo", "Alvarito", "Bodegón con cebollas", "Beatriz ", "La del pañuelo rojo", "Frente al espejo ". Y muchos más.
Le aturde el ruido de la ciudad. Mirando los cuadros. El cielo azul. La luz de la mañana. El sol. La lluvia. El amanecer de su tierra. Su gente. En su mundo: una firma. La intención es dejarnos de regalo su firma. Las firmas tienen que ver con la eternidad. Marcan tu paso por la vida. No hay por qué pasar inadvertido por la vida. Nada, entonces, como desvelar los misterios del arte. Hacer historia, ganarse el respeto, el recuerdo, la admiración de de tu pueblo. Sentado en el estudio Miguel se ve junto a su padre en el taller: aspira el olor de los barnices y la cola, trastea con el tiralíneas, la escuadra y el cartabón, la madera, el artesano, el ebanista, la huella, la impronta... el Museo García Camacho, de Cumbres Mayores.

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