Octogenario

Casi octogenario ya, con arrestos todavía para aprender y escribir sobre mis cosas y  entresijos. Este traductor, más que traductor intérprete de mis orígenes, historias y costumbres, no para en su empeño de publicarlas; a pesar de que mis monólogos son míos, al hilo de mis pensamientos. Por mucho que sepamos de su espíritu abierto a lo docente y el  placer de "aprender para enseñar". De su atracción por lo didáctico. Por lo cívico. Por la gramática que aprendió en la Lección de Don Eugenio. Ortografía, prosodia, analogía, morfología, sintaxis. Para decir lo que de mí dice en pocas palabras. En la brevedad está lo atractivo. La miel, a puñados no, con la punta de los dedos. El campanario, la torre de la iglesia, el castillo, la danza, las fiestas, el folclore. Imágenes y metáforas. Sensibilidad y sentido. Soy Cumbres Mayores. Por más que con mesura contenga el dolor de las ausencias. De familiares y amigos. Significados del claro/ oscuro de la vida. Luces y sombras. No es ni muy alto, ni muy bajo. Moreno, de pelo negro;  peina canas. La vista cansada: si se mira al espejo tuerce el gesto. Los años no pasan en balde. Cuesta abajo, tranquilas las pasiones. Sosegado. Sin barba, siempre. Sin bigote, sin sombrero. Cada atardecer de paseo por el centro, por los alrededores; observador empedernido del paisaje: la luz, las calles, la gente.  Artesano de la palabra. Del relato, la crónica, el reportaje. Del relato sacudido por el polvo del camino. Cerradas.  Se venden.  Casas solariegas que daban envidia. Porque allí dentro se vivía bien una existencia dulce y apacible; ventanas con blancas cortinas de lujo, habitaciones amuebladas con arcas y cómodas de nogal, camas inmensas de madera. Porque allí dentro se vivía una existencia tranquila, sosegada, las horas pasaban lentas, medidas por un viejo reloj de caja alta que lanzaba en la noche su tictac, su tictac brillante y sonoro. En el jardín jazmines, geranios, rosales, jarrones, colios, hortensias enormes que llegaban a los balcones de arriba. Cerradas.  No debería yo contar estas cosas. Ni hablar de su manera de ser y pensar. La de quien a menudo publica y saca a la luz mis monólogos. Si cree o no que tenemos demasiadas casas en venta. Si cree o no que entre unos y otros, por fas o por nefas, vamos a la baja. A menos. Alguien dirá que se han vuelto las tornas. Por una vez. Sólo por una vez este monólogo se ha vuelto del revés. Las formas son las formas. El lenguaje es como una melodía. Una sonata. Un principio matemático. Siempre de la mano: realidad y ficción. De la mano : el dolor de las ausencias. Tan sentidas. De familiares y amigos. Arriba el Cristo de la Viga. Mitad del siglo XVI. Cuelga de la Viga el Crucificado, a sus lados la Virgen y San Juan. El Calvario. La mirada de los fieles se centra en el Cristo durante la misa. La mirada símbolo de la fe. Mitad del XVII: las tres imágenes se conservan en el retablo. Barroco. De madera dorada policromada. Que sustituye a la Viga. Casi octogenario ya, este traductor, más que traductor  intérprete de mis orígenes, echa la vista atrás. Presiento que se emociona. Son  siglos de devoción. De complicidad de la mirada con el "Cristo de la Vida". Dolor de las ausencias. Dolor contenido. Presencia de la fe.

JECG


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