Ilustre Cumbreño


Los niños, al verlo, corrían por mis calles a besarle la mano.

Ilustre por su capacidad, su dedicación y entrega. Cumbreño de adopción, nacido en Los Marines, seise de la catedral de Sevilla, fomentó y cuidó desde siempre la música, la danza, el teatro... además, claro, del desempeño, sencillo y admirable a la vez, de su ministerio como Sacerdote ejemplar. 

Maestro de latín.  De latinidades. Rosa, rosae. De la primera declinación. Rosae, de la rosa. Rosarum, de las rosas. Rosis, para las rosas. Con flores a María. Venid y vamos todos. En la escuela. En la iglesia. Amo, amas, amare, amavi, amatum. Conjugaba el Verbo. Que se hizo carne y habitó entre nosotros. Por el amor de Dios. El Domund. La Santa Infancia. Las misiones. Los niños de África. Que no tienen ni qué comer. Ni cómo abrigarse. Ni casa para vivir. Los niños reparadores. Los primeros viernes de mes: La confesión al rayar el día, "Ave María Purísima. Me acuso... Tres Padrenuestros, Ave María y Gloria. Ego te absolvo a peccatis tuis". La comunión, en ayuno. 

Luego el domingo la misa. De espalda a los fieles. A mí gente. En latín, salvo la homilía. Velos, guantes y manguitos, las señoras. Junto al Sagrario los reclinatorios.

Los niños, al verlo, corrían por mis calles a besarle la mano. 

Con el Concilio cambió todo. Era por los años sesenta. Era el Vaticano II. Juan XXIII. Pablo VI. Se renovó la liturgia. Se renovaron las formas. Las maneras. No se modificó ningún dogma. Su pasión por la Inmaculada Concepción, por el Corazón de Jesús permaneció inalterable. Media vuelta. Ahora la Eucaristía se celebra de frente a mis hijos. En español. "Del Dominus Vobiscum. Et cum Spiritu tuo". Se pasó al "Señor esté con vosotros. Y con tu Espíritu". Se aferró a la sotana, de tela negra, hasta los pies, abotonada por delante. Se había destapado entonces el clergyman y el alzacuello hacia raya. 

Los pueblos como las personas tenemos memoria. Nos aferramos a los recuerdos. Hay quien  se empeña, se esfuerza y  se desvive por no caer en el olvido. Para otros basta con el ejemplo de su vida. Abanderó el Rosario de la Aurora, el Catecismo: la Fe, la Esperanza, la Caridad. Nadie que se acercara a su puerta se fue de vacío. Murió pobre. Sin un céntimo. Lo dio todo. Apóstol de la misericordia, dio de comer al necesitado. Vistió al desnudo. Visitó a los enfermos. Enseñó a quienes no saben. Consoló al triste...

Maestro de música. Sencillo, espontáneo, transparente. Ni engreído, ni engolado. Orador escaso. Sus escritos, sus apuntes de mi historia y mis costumbres son, sin embargo, ilustrativos. Ilustrados. Ilustre Cumbreño. Cumbreño Ilustre.

JECG

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