La Pilistra


Como todo pueblo que se precie, la pilistra también es una de mis señas de identidad.  Llamativa, popular, elegante, frondosa, símbolo de distinción, cae bien en todas partes. En cualquier sitio. De interior. En el pasillo. En la entrada. En el comedor. En la sala. Fuera. En el patio  que se empolva de cal y acicala de plantas para vestir su imagen. Nada mejor que una  pilistra santo y seña de la estética de la casa. Soy Sierra sembrada de macetas desde el principio de los tiempos. De calles con ventanas y  balcones, compartido el sol en el espejo de tejados y fachadas. Dama del rincón por derecho propio, la pilistra de orejas de burro, fuerte, resistente, de  hojas anchas, verde intenso aceituna, no pasa de moda porque siempre en su sitio  cumple su destino. Adorno y ornamento. Junto al altar en las ceremonias religiosas. La comunión de los niños. La llegada del Obispo. Las grandes festividades. En el Colegio, el Instituto, el Club, el Hogar del pensionista, la Casa de la Cultura. Para una conferencia, una charla. El Portal de Belén. Un festival. 

En el teatro. Con obras de Lorca. En su casa Bernarda Alba impone su rígida moralidad sobre el luto, las costumbres y las relaciones sociales. Pepe el Romano se casa con Angustia que es la hija mayor, pero en secreto se ve con Adela, la menor. Poncia los descubre. Bernarda dispara a Pepe el Romano. Al fondo, en el escenario, la maceta de pilistra.  Con obras de los Quintero, Serafín y Joaquín. Julio el hijo de doña Sacramento, la marquesa de los Arrayanes, lleva una vida de vinos y rosas; alocado, caprichoso y consentido, trae por la calle de la amargura a don Eligio el Administrador de la casa que entristece y preocupa a la marquesa con los vicios y las aventuras del hijo que malgasta el dinero y no atiende a razones. Con la llegada de Consolación, la sobrina de doña Sacramento, todo cambia, de genio alegre, generosa, divertida, de risa fácil, todo lo contagia con la ayuda de Coralito, la criada  pizpireta, graciosa, disimulada y coqueta. Al fondo, en el escenario, la maceta de pilistra. Con obras de Alejandro Casona. Una comuna. Un pintor. Un payaso. Un circo. Ricardo se  inventa una fantasía con una Sirena que emerge del mar para vivir un amor imposible. Don Joaquín que hace de fantasma dice que es Napoleón y ejerce de jardinero. Al fondo, en el escenario, la pilistra hecha arbusto espera que al menos la riegue una vez cada quince días. 

Testigo de amores y desamores, de celos, mentiras y engaños, de caprichos, vicios y aventuras, de risas, tristezas y alegrías, de sueños, fantasías e ilusiones,  de locuras de locos de atar...

¿Quién no se precia de tener en su casa una maceta de pilistra?

JECG


Comentarios

Entradas populares de este blog

La Bramaera

Verano rojo

Ma, me, mi, mi, mo, mu Las Cartillas Rayas