Esta tierra que me alberga
Esta tierra que me alberga tiene su encanto y su misterio. A pesar de que hay quienes no lo ven, no lo saben o no lo advierten. Así es la vida. Los espárragos están ahí a la vista de todos y mientras unos los ven a distancia, otros ni tres en un burro. Con el orégano y los hinojos es más fácil. Y con la jara, la retama, el cantueso, el tomillo, el romero. Como ejemplo no está mal. No se. Cada uno que piense lo que quiera. Que diga lo que le parezca. El encanto y el misterio lo tenemos delante de los ojos. A la vuelta de la esquina. Un paisaje de encinas y olivares, de pinos, abetos, eucaliptos, álamos y olmos. Con pastoreo de vacas, ovejas y cabras. Y cómo no, de cerdos a pequeña escala: al aire libre en cercas y vallados; a gran escala: estabulados en naves y jaulas. Esclavos de la vida y de la producción. No creáis que no me escama un poco. Lo de los purines de miles y miles de guarros como abono de prados y dehesas.
En cualquier caso esto no es más que un monólogo conmigo mismo. Soy CUMBRES MAYORES, Madre y Cuna del Ibérico de Bellota. Que ahora en cualquier sitio, en cualquier parte venden jamones a precio de chorizo, de morcón, de salchichón. Esto me escama todavía más.
Tengo mi orgullo. Como pueblo estoy orgulloso de haberme conocido. Soy de pata negra. Mi gente es amante de la música: la Coral, la Banda, el Coro Amanecer Cumbreño. Un pasodoble, un tanguillo y un bolero me honran y enaltecen . Del arte, de la cultura, no voy a ser tan vanidoso que cite nombres de quienes, hoy por hoy, destacan en la pintura, que venden y exponen, dentro y fuera, con èxito. De quienes escriben y publican, y sus relatos traspasan nuestras fronteras allende los mares. De la religión, las tradiciones y las costumbres.
Tengo pasado, presente y futuro. Cuentan, las imágenes se agolpan en mi memoria, que familias en desbandada, destruida Nertóbriga, buscaron refugio al abrigo de la fuente de la Magdalena, en un improvisado poblado cuyo vestigio más elocuente es el ábside románico semicircular que se conserva, asolado y derruido. Pero voy más allá. Me gusta pensar quién sería el primer hombre que puso los pies en esta tierra que me alberga. Y la primera mujer. Claro que tuvo que haber un Adán. Y una Eva. Que pisaron fuerte y se quedaron. Puede que incluso llegaron recién salidos de la mano de Dios. Recién creados. Luego, de senderismo, mordieron la manzana, en un descuido debajo y a la sombra de la higuera que en aquel tiempo había en la carretera de la estación.
El pecado fue de lo más original. La serpiente no tuvo otra ocurrencia que tentarlos con una manzana debajo de una higuera. Desde entonces tengo de todo: pecadores y arrepentidos La higuera con el paso de los años fue barrida por el viento. Me gusta soñar que en la tierra que me alberga estuvo, sin duda, el paraíso. Que nunca lo damos por perdido. Porque sabemos de su encanto y su misterio.
JECG

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