Este San Miguel que nos ayuda
Quién es este San Miguel que da nombre a nuestra iglesia de Cumbres, es decir, a mi iglesia, a tu iglesia, a nuestra iglesia de todos los cumbreños. Cumbreños somos.
Cumbreños nos llamamos desde cuándo. Desde siempre. Quién es este San Miguel. De dónde viene. A dónde va. Por dónde nos lleva. Porque ya en el Apocalipsis de San Juan aparece como el defensor del bien contra el mal. El Apocalipsis es un libro de la Biblia que entre símbolos, imágenes y metáforas nos cuenta tanto el fin del mundo como el Juicio Final, a cargo de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: la peste, el hambre, la guerra y la muerte. En el número siete está la clave. Siete son las trompetas que anuncian las plagas, los desastres naturales y los fenómenos que traen el caos y la destrucción. Alegoría y ejemplo de la lucha espiritual, de creencias, de principios y valores que ocurre ahora, y siempre.
En este maremágnum de ayer. Y de hoy. ¿Que papel juega San Miguel?
Este San Miguel que, abajo en su hornacina, arriba la Virgen de las Cumbres, preside nuestra iglesia, es decir, mi iglesia, tú iglesia, nuestra iglesia de todos los cumbreños. Claro que esto no es más que un monólogo conmigo mismo. Pero su papel, el de San Miguel, soy Cumbres Mayores, es principal, lidera la lucha contra la corrupción y la decadencia; lidera a los ángeles buenos contra los malos; inspira manifestaciones en el mundo del arte y de la cultura.
Por el camino del arte el San Miguel de El Greco, ¿tiene El Greco un San Miguel?, debe ser alargado y místico, espiritual y sobrenatural. El de Guido Reni, dramático, y con la espada en alto pisa con fuerza triunfante al demonio. Al contrario, el de Murillo, ¿tiene Murillo un San Miguel?, debe ser dulce y hasta melancólico y su mirada, cómo no, celestial. En cuanto al Ángel Caído de Ricardo Bellver, en el Parque del Retiro, de Madrid, es una destacada escultura de bronce de estilo romántico que evoca a un San Miguel que vela, nos guarda y nos protege del demonio. El Arcángel de Luisa Roldán, la Roldana, de final del XVII, es una escultura de grandes proporciones, de madera de cedro policromada, de un barroco tardío próximo al rococó, que representa un San Miguel dispuesto a asestar el golpe final a un enemigo de mirada retorcida y airada.
Pero de nuestro San Miguel que abajo en su hornacina está que casi no cabe desconocemos su autor, anónimo sevillano se dice; se dice también que Juan Antonio del Bosque, dorador del retablo mayor, le hizo el encargo del mismo a un escultor amigo suyo. Por el momento en esa estamos. En cualquier caso se trata de una talla excelente que se ve de buena calidad, de la imagen de un Santo que ejerce de Patrón nuestro desde el principio de los tiempos y nos defiende de los maleficios y la perversidad de los espíritus malignos como rezamos en su oración de cada domingo, y fiestas de guardar, finalizada la misa.
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