El Pintao


Al hilo de "La Purificación". Premio Onuba 2023. Lorenzo Delgado Santos.

—Dorado y rojo el sol se pierde en el horizonte, a lo lejos la tarde se acorta hasta extinguirse acodada en el arrullo del viento entre las hojas de los árboles. Cuesta arriba el Pintao sube pasada ya la fuente de la Pascuala. Como siempre, se pierde, se ha perdido hoy también por Cerro Burejo, la dehesa de Arriba, las Escaleruelas, el Venero, el Riofrio; a la vista del vuelo del águila leonada; a la vista de la jara, la retama, la abulaga, el cantueso; con la escopeta al hombro, la caza en la mochila y siete hijos a la espalda. Con  muchas bocas que dar de comer y una úlcera gástrica que no lo deja vivir. El Pintao es un hombre bueno. Un cazador furtivo. Sólo un cazador furtivo. Ni de derechas, ni de izquierdas. Puede que de izquierdas sí. A pesar de que un día le quemaron la casa en una persecución extraña, ajena y sin sentido. Para seguir adelante ha vendido el burro que le traía la carga de leña de la sierra y se la llevaba al panadero. Por encargo. Ahora, ni eso. Dorado y rojo el sol se pierde en el horizonte. Cuesta arriba el Pintao sube pasada la fuente de la Pascuala. Nada que ver con el contrabando. A la orden del día el estraperlo después de la guerra.  Por la Raya, de Barranco frontera con Encinasola, es un alivio para el hambre, la penuria y la miseria. Arrea la mula el  mochilero con el café, el azúcar, el tabaco. Todo de matute. Barato.  Por caminos y veredas, sorteando trochas y atajos, el matutero corre de los guardiñas portugueses y de la guardia civil que lo persiguen sin piedad y se quedan con la mercancía si lo cogen. En el mejor de los casos. En el peor, la prisión o la muerte. A la orden del día los maquis también. El Pintao menea la cabeza y se contiene en seguida. Siente horror por determinados  movimientos maquinales que le suceden a veces para subrayar sus pensamientos. Fruncimientos de cejas. Movimientos de barbilla. Gestos cortantes que auguran malos presagios. Huidos al monte, la guerrilla se dice que ha pasado de los sabotajes y los hechos aislados a los enfrentamientos directos con el ejército. Por lo que un bando del Capitán General de la II Región Militar prohíbe la tenencia ilícita de armas. De cincuenta y tres años, el Pintao, casado, jornalero, corre y se esconde en una casa, huye de la pareja de la Guardia Civil que le da el alto pasada la fuente de la Pascuala. "Alto, ahí, Pintao, alto ahí, los brazos en alto, los brazos en alto. Vamos a por tí. Alto ahí" De segunda mano su vieja escopeta de fuego central del 16 es su medio de vida. Y su perdición. "Yo la tengo para la caza". Confiesa. "Porque como ya he dicho padezco del estómago y es difícil que nadie me contrate". "Lo mío es lo mío". "La naturaleza. El campo. Los espárragos, las setas,  los gurumelos. Las tagarninas. Las cañijuelas". " Porque mi familia tiene que comer". Esposado va camino de la estación después de varios días en el calabozo municipal. El Juez no tiene más ley que el bando del Capitán General. Decreta Auxilio a la Rebelión y el traslado del preso a la cárcel de Huelva. Por los Arriscaderos abajo el tren rabia de dolor y de impotencia. El Pintao sabe demasiado bien que los hombres no lloran. Su pudor es el pudor de la tierra que le vio nacer, la expresión de luz que sólo  adivina quien pone la mirada en la pureza de azules de cielos, y transparencias de nubes y aires de la sierra que tanto le emociona. 

En mis entrañas conservo este trozo de mi historia, que no quede en el olvido, ecos de la memoria.

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