Hinojales
Sin fecha fehaciente de sus comienzos, Portugal andaba por aquí en el siglo XIII cuando el papa Inocencio IV le dio estas tierras a Castilla. Salieron corriendo los portugueses. Llegaron presurosos los gallegos. Castellanos y leoneses nos colonizaron. Cuentan los primeros testimonios que perteneciente al reino de Sevilla fue aldea de Aracena hasta su independencia a principios del XVI. Su vida no se entiende sin el valle que la corteja y el manantial "Fuente Vieja" que la adora. Agricultura. Ganadería y dehesa. La matanza. Días de invierno, oscuros, fríos y lluviosos, buscando la caricia del brasero alrededor de la mesa camilla. Y al abrigo de la conversación todos contamos algo: el tiempo, viajes, leyendas, relatos; estrofas al embrujo de poéticos rincones. Un apretón de manos a cada paso y un abrazo de tanto en tanto. Cualquier esquina es motivo también de encuentro. El hombre con más de setenta años habla con voz lenta y suave. —Tendría yo unos veinticuatro o veinticinco años—. Dice. —Los viejos tenemos la costumbre de traer los recuerdos de nuestra juventud—. Dice. Continuamente. Era una tienda. En el centro del pueblo. Hinojales. Pasada la Sierra del Viento. A poco de 621 metros de altitud. De 341 habitantes de población. De 26,5 Kilómetros cuadrados de extensión. A más de 110, 120, 130 kilómetros de distancia de Huelva. De Sevilla. De Badajoz. Junto a nosotros. Pueblo vecino. Pueblo hermano. Yo soy Cumbres Mayores. Y esto, un monólogo al hilo de mis recuerdos. De camino a la iglesia a misa, la gente entra y sale de la tienda. De Ángeles Blanco. El Alcalde: Jesús Blanco, su sobrino. El cura: don Demetrio. Joven. En el principio de su ministerio. La imagen de la Virgen del siglo XVI se conserva en la parroquia, un edificio de estilo gótico mudéjar con pinturas murales en la cabecera y retablo barroco en la capilla mayor. A sus pies una portada renacentista. En el centro de la capilla la Virgen de Consolación. A sus lados San Antonio y San Sebastián. Pero la patrona es la Virgen de Tórtola que aguarda en la ermita cada año la llegada de la primavera para sus fiestas el primero de mayo. Allí una lápida paleocristiana de mármol blanco muy fragmentada con un anagrama de la cabeza de Cristo, dos tórtolas y una inscripción que habla de Basilia "sierva de Dios" , dama de la nobleza sevillana que tenia posesiones aquí en Hinojales, que mandó construir esta ermita, que se hizo enterrar en ella. Al arrullo de los palillos de la danza, de la flauta y del tambor; de cara los danzantes a la Virgen en la procesión; pantalones bombachos azules que terminan en borlones a la altura de la rodilla, cinturón rojo con adornos de flores, camisa blanca y cinta, alpargatas y medias de hilo, blancas. Gorro redondo en pico por delante. Fiestas de la Tórtola al arrullo de las castañuelas por las calles del pueblo. Un apretón de manos a cada paso y un abrazo de tanto en tanto. Cualquier esquina es motivo también para el encuentro. Por la calle abajo las casas de los maestros. Junto a ellas vive Pura. Y María. Símbolos de humildad de la gente buena. Cuánta belleza. De espíritu. Cuerpo y alma. Años setenta de aquel siglo XX. De escuelas unitarias. De leche en polvo y queso de los americanos. Los niños a un lado. A otro las niñas. Por la calle arriba la casa del médico. Don Anselmo. Santo y seña de identidad de la medicina general allende las fronteras de la Sierra. De senderismo por caminos empedrados hasta la Ribera de Hinojales, la Sierra del Rey, el camino de la Víbora: olivos, encinas, alcornoques, quejigos; los espárragos trigueros; conejos, liebres, perdices, ciervos, jabalíes... Cuando el paisaje se esconde a los ojos de la mirada indiferente, cuando se presta sólo a la pureza de la mirada que lleva en su fondo azules de cielos y transparencias de nubes y aguas.
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