El púlpito
A mano izquierda si te pones frente al presbiterio y el altar mayor. A mano derecha si te vuelves y miras de cara al coro, la pila del bautismo y el campanario. En la nave principal, entre el retablo de San José y la capilla de las Ánimas, adosado a una columna. Es el púlpito.
De nuestra iglesia de San Miguel.
Soy Cumbres Mayores, esto no es más que un monólogo conmigo mismo, al hilo de mis pensamientos.
De hierro forjado, se apoya en un corte de fuste estriado de mármol; a la tribuna se sube por una escalera lateral, su antepecho o pretil nos hace pensar por sus formas sinuosas, redondeadas y curvas en los contrafuertes voladores del gótico. Todo armonía: arcos apuntados, bóvedas de crucerias, nervios, espinazos, junto con las espléndidas cancelas de las capillas laterales.
En desuso, ya, los vientos del Concilio se llevaron por delante la misa en latín, los curas de espalda mirando a la pared en un soliloquio imposible, al reclamo de frases y cabos sueltos de aquí y de allá. Dominus vobiscum. Et cum spiritu tuo. Sursum corda. Ite, missa est. Los vientos del Concilio se llevaron también por delante al púlpito. Para acercar la liturgia a los fieles. Al reclamo del compromiso y la participación de los mismos.
En aquel tiempo el sacerdote llegado el momento bajaba del altar, subía al púlpito y dispuesto el libro sagrado en el atril: la espitola, el evangelio, la homilía se revestían de empaque y solemnidad. En aquel tiempo los días de fiesta mayor el predicador en lo alto asumía su papel de padre de la iglesia y venía con la prèdica, con el sermón aprendido. La buena nueva está al llegar. Había llegado. Decía. Con aplomo y a viva voz. Hoy, inhabilitado primero y ya olvidado, el púlpito pasa desapercibido, ajeno a las miradas de propios y extraños.
Y, sin embargo, a la sombra del poeta, de Machado: Como al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.
Porque una guía joven, de ojos castaños y pelo negro, cumbreña, con fp grado medio comunicación audiovisual, hoy, se dirige a un grupo de turistas, los lleva y los trae por los retablos, entre las imágenes, les cuenta del Cristo de la Viga, de San Miguel, San Juan, la cabeza de San Juan, San Pedro, San Pablo, la Virgen de Tórtola o de las Cumbres , la Virgen de los Dolores, la Virgen del Rosario, el Cristo de la Humildad...
Precavido, pendiente, presiento lo mejor. Soy pueblo viejo, más allá de Sancho IV, de Ausera, del Santuario de la Magdalena, de la ciudad céltico romana de Nertóbriga... Soy pueblo viejo de menhires y crómlech.
La guía, ante mi asombro, frente al púlpito y de buenas a primeras, les dice a los turistas de todo, de Jesús, cuando encaramado allí en lo alto sacó a relucir aquello de los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los limpios de corazón...
Cuando encaramado en lo alto rezó finamente con la multitud el Padrenuestro. Era Jesús desde el Monte de las Bienaventuranzas. Con el sermón de la Montaña. Era Jesús desde el Púlpito.
Mateo lo dejó escrito en los evangelios.
Por su parte Lucas se fue por otros derroteros, lo mismo pero en el sermón de la Llanura.
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