Cimalta 1958
Ella está leyendo en el patio, casi no despega la vista del cuaderno que tiene en las manos, medio abierto, con cuidado, porque no quiere estropearlo o porque es algo tan íntimo que trata de protegerlo y proteger la identidad de su autor. A quien le gusta leer de verdad encuentra la forma de hacerlo a costa de todo. Hay quien va leyendo en el autobús o en el metro, quien lee en el bar con todos los ruidos, andando por la calle, por la acera, por el paso de peatones. También hay quienes necesitan unas condiciones precisas, singulares, sólo leen en la playa, en la piscina, en la cama para dormirse; al brasero las tardes frías de invierno, resfriado o con gripe. Unos y otros , si disfrutan de la lectura, tanto mejor. Ella está leyendo en el patio. La sensación de bienestar que le produce el cuaderno le genera felicidad. Algo le hace gracia, se ríe, no puede reprimirse y desvía la mirada a las macetas. Luego sigue, leer es un placer, suena a tópico, pero lo piensa:
"En lo alto de una colina, en la cumbre, coronada por la antigua fortaleza del siglo XIII, Cimalta se divisa desde muchas leguas a la redonda entre tierras de Huelva y Badajoz. De anchas calles y hermosos edificios, encanta a todos por su limpieza y luminosidad. Cuenta con poco más de cuatro mil habitantes. Desde la carretera que lleva a la estación del ferrocarril Zafra - Huelva, se extiende la vista por las extensas lejanías de la Sierra de Aracena, permitiendo contemplar uno de los paisajes más hermosos de la Tierra. Allí: "La Bruja", "El Recio", " Riofrio", "La Ortigosa", "La Pascuala". Por otra parte: "La Fuente Nueva", "El Pilancrón", "La Magdalena", "La ermita de la Esperanza", donde se venera a la Virgen, la Patrona de Cimalta. La Naturaleza - los árboles, las colinas, las piedras, el sol...- parece que una muda conversación se entabla entre ellos y el obsevador. Al norte de Cimalta se halla Valdefresno y al noroeste, Camporreal. Estos son los dos pueblos que se divisan desde la cumbre, además del Castillo de Valderrocines, hacia el nordeste. El ferrocarril atraviesa las montañas y al llegar a los "Arriscaeros" se lo traga la tierra en uno de los sitios de historia más tenebrosa que hay en el término. Por donde se pone el sol se halla Barranco, ya en tierras. portuguesas. Cualquier forastero que entre en Cimalta, al pasear por sus calles, si mira hacia arriba verá que las veletas de algunos tejados, en vez de tener un gallo como en otros lugares, aquí tiene un cerdo gordo y cebado, con el rabo retorcido como un sacacorchos. Es el símbolo, el alma de Cimalta. Si pasea algo más, notará que de las ventanas de los sótanos emana un fuerte olor de jamones curados, aroma perfecto, inconfundible. En lo alto de los sótanos y zarzos, constelaciones, vías-lacteas inmensas del rico producto que se exporta a todo el mundo. ¿Quién no ha oído hablar con encomio de los jamones de Cimalta? En Madrid, en Barcelona, en Melilla, en Tetuán, en Francia, en América. Grandes edificios de nueva construcción, algunos de tres plantas en la calle principal: la calle La Portá, donde también está Telégrafos, Correos, el Casino Grande. Al llegar a la esquina del Círculo Mercantil, la calle se empina hacia el Castillo y forma una rampa brusca, por donde el día de la Fiesta sube la Capea, tumulto de bueyes y novillos, caballos a galope con jinetes presuntuosos y mozos a pie con palos y bastones .¡Qué viene! ¡Que. viene!. Gritos y carreras...Corros, palmas... Vino, juerga y jarana. Bulla y algarabía multicolor, nervios, sangre, pujanza y plenitud de la primavera en el día más hermoso del año. El Dia del Corpus, el Dia Grande, la Fiesta de Cimalta. Expresión mágica al conjuro de proyectos e ilusiones".
Ella, levanta la vista, cierra el cuaderno, en la pasta: Cimalta 1958. Eugenio Carretero Hermoso. En el margen, una nota: "Sin duda, los astros presiden la aparición de los pueblos en el ajedrez de la vida. Mercurio y Venus ascendían al trono de Júpiter, como si el baile del cielo, una danza mitológica, presidiera triunfal, en aquel tiempo, la aparición de Cimalta."
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