La vaca ya está en la calle


Reconozco mi voz, palabra por palabra. No hay que distraerse nunca. No vale dejarlo, por tantas veces como lo hemos escrito, por tantas veces como lo hemos leído. Palabras las justas. No más de las que hacen falta para decir lo que dices.  Ya sea en sentido real. Ya sea en sentido metafórico. Mi léxico es limitado.  Suficiente. Pero con mi léxico y mi sintaxis me basto y me recreo. Responden a esa especie de ocio existencial que ahora, y a estas alturas de mi historia, y de mi vida,  me asiste y  satisface. Sin otras pretensiones. Reconozco mi voz, palabra por palabra. Ya huele a Corpus. Ya está la vaca en la calle, contenido está el silencio. ¡Sólo un murmullo! ¡En el aire! ¡A sangre y fuego en mi corazón! ¡Cumbreño! Ya está la Pirfa en los palos. Justo, frente a la calle Enmedio. Por la puerta del Casino se revuelve, no se arranca. ¡Quieta, fija, huele el miedo!. La Pirfa son tantas pirfas como sustos y aspavientos. Gritos. ¡Qué te coge!. ¡Qué te coge!. ¡En el aire! ¡A sangre y fuego en mi corazón! ¡Cumbreño! Justo, frente a la calle Huerto. ¡Que sí!. ¡Que lo ha cogido!. ¡Que le ha hecho un  descosido!. ¡Què necesita un remiendo! En el Centro de Salud. Siete puntos. Sutura. ¡Pudo ser mucho peor! ¡ Pudo ser un  desconsuelo! ¡Si es un Figura! ¡Un Torero! ¡Justo, por la Corredera, la Pirfa que cogió al Pirfo permanece en el recuerdo. Esto no es más que un monólogo. Al hilo de mis pensamientos. Me llamo Cumbres Mayores. Soy real. Y cumplo un sueño. ¡En el aire! ¡A sangre y fuego en mi corazón! ¡Cumbreño!

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