Cumbres, 1936
I. ¿Qué es lo que de verdad está pasando?Me refiero aquí, en Cumbres, en Huelva, en la provincia, en España. Me temo el futuro. ¿Atemorizado por lo que se dice del Frente Popular? No. Atemorizado. No. Sí, confuso. Bastante. confuso. Los propietarios. Los terratenientes. La clase obrera. La clase trabajadora. Pobres y ricos. Socialistas. Rentistas. Capitalistas. Religiosos y laicos. Creyentes y ateos. La dispersión. La desunión. El resentimiento personal. Y el rencor. La brecha. Cada vez más ancha. La brecha se resiste. No cicatriza. ¿Por lo que se dice también de Falange española? Milicia, credo, espiritualidad y fanatismo. Mensaje y violencia. Madrid. El Teatro de la Comedia. Octubre de 1933. "Nada de un párrafo de gracias. Escuetamente, gracias, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo". La brecha. La Huelga de los mineros de Asturias de octubre de 1934. Divididos. Distanciados la iglesia y la organizaciones obreras. Atemorizado. No. Sí, confuso. Bastante confuso. Nuestra casa. Nuestro pueblo. Soy yo. Cumbres Mayores. Claro que se trata sólo de un monólogo conmigo mismo. Y al hilo de mis pensamientos. Cumbres Mayores. Principio y fin. El mismo para todos, sin bandos y sin fronteras. Aire libre. Cielo azul, remanso de paz como la lluvia fina de la mañana. La revolución de Asturias se hizo mito. Cerrada en falso, con muertos y encarcelados. La Republica presidida por Alejandro Lerroux puso al frente de la represión a Franco que trajo de África a los regulares y a los legionarios. Lo que pasaba no era muy tranquilizador, que digamos. Nadie toleraba a nadie si no era de su cuerda porque todos tenían toda la razón, unos contra otros. Politizados los jóvenes, unos vestían de falangistas o militares, otros de proletarios, anarquistas o revolucionarios. Lo contaba José Antonio Primo de Rivera en su artículo "Juventud a la intemperie", en el número 18 del periódico Arriba en 1935. Y se repetía aquí dentro, en la barra del Casino Grande, invocando la frase de Ortega y Gasset: "No es esto, no es esto...", porque con la deriva de la Republica se añoraba el recuerdo del golpe de Estado de 1923. Siete años. Sólo en siete años se había pasado de una Dictadura al uso, a una Monarquía frustrada. A una Republica de "tiempos nuevos". Lo decía. Lo de los tiempos nuevos. El Sol. El Socialista. El Liberal. Lo decía Gregorio Marañón. Ortega y Gasset. Pérez de Ayala. Miguel de Unamuno. Antonio Machado.
II. Pero la situación empezaba a ser alarmante. Peleas. Disparos. Redadas policiales. Enfrentamientos. Cara al sol, brazos en alto. Puños cerrados. Quema de iglesias y conventos. Persecución de los curas y los creyentes. Asalto a los centros de enseñanza. Confrontaciones. La guerra, sin más. Julio de 1936. Atemorizado. Perdido. Confuso. Bastante atemorizado. Bastante perdido. Bastante confuso. La sublevación. El alzamiento. De una parte, Franco y Queipo de Llano que se lian la manta a la cabeza. De otra, Azaña que se equivoca. Y Casares Quiroga. Y Martínez Barrios. Y José Guiral que entrega a las milicias las armas confiscadas a los particulares. Es la crónica de una Guerra Civil anunciada. En esos entretantos la muerte del teniente Castillo, Guardia de Asalto, socialista, cuando iba camino del Cuartel de Pontejos. La muerte de Calvo Sotelo, diputado monárquico, sacado de su casa a punta de pistola. Hay quièn dé más. Sí. Aquí entre nosotros. ¿Qué es lo que de verdad está pasando? Me temo lo peor. La sublevación había fracasado en Huelva. Las autoridades republicanas habían creado una columna, de milicianos por una parte, por otra de guardias civiles y de asalto, que el sábado 18 de julio por la tarde salieron por separado para sofocar la rebelión en Sevilla a donde llegaron la mañana del domingo. Atacados a las puertas de la Pañoleta por las fuerzas de Queipo de Llanos, sorprendidos por la encerrona y diezmados los mineros, de regreso arrastrados en su huida por la rabia, los que sobrevivieron hicieron cuantos desmanes, tropelías y destrozos se les puso al alcance de las manos, allí por donde pasaban. Agosto de 1936. Madrugada del 4 al 5. La inquina. El encono. El rencor. La brecha. Todos contra todos. Atrincherada en el cuartel la Guardia Civil que con un grupo de vecinos estuvo desde un principio con los sublevados; la llegada de los milicianos de la cuenca minera de RíoTinto, de Badajoz y de otros pueblos de la sierra, dio lugar a duros enfrentamientos que acabaron con la vida, fusilados, de un joven de 17 años afiliado a la Falange, de cuatro conocidos industriales y del Alcalde, Secretario particular de Diego Martínez Barrios, que quiso mediar entre las partes pero fracasó en el intento. A mediados de septiembre, (corría el rumor del asesinato por la espalda, en Granada, del poeta Federico García Lorca, de 38 años), la infantería junto con la Guardia Civil y los carabineros se hicieron de nuevo con el pueblo que fue el primero de la provincia en unirse al golpe de Estado. Septiembre de 1936. Octubre, noviembre, diciembre... La inquina, el encono, el rencor, la brecha. Todos contra todos. Jóvenes y adultos. Amas de casa. Jornaleros. Industriales. Comerciantes. Campesinos. Mineros. Encarcelados, huidos, perseguidos. Más de medio centenar de ellos dejó la vida atrás, fusilados, en la resaca y la trastienda de la represión y la tortura. No es esto. No es esto. El grito. De Federico García Lorca. De Rafael Alberti, Luis Cernuda, Miguel Hernández... Y de tantos, tantos otros.
III. ¿Qué es lo que de verdad está pasando? Me refiero aquí. Y ahora.
En mis entrañas conservo este trozo de mi historia, que no quede en el olvido, ecos de la memoria.
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