Con los ojos al Cielo

¡Va por él!

Gustaba Gabriel de la crónica social, a veces en conversaciones con la familia y amigos, otras por escrito como en esta ocasión, pero siempre para deleite de oyentes o lectores que disfrutábamos de sus comentarios ajustados hasta el punto que mis cosas, las cosas que contaba, eran entre  nosotros "las cosas de Gabriel", y por lo mismo hoy este Monólogo, suyo, es  el "Monólogo de Gabriel"... 

Que dice así:

—Buenas tardes, Paco, como te prometí te doy información de la foto. Yo la sitúo entre los años 1953 y 1956. Son matanceras de la fábrica de Coronado. Las de la fila de arriba son: Carmen la Picorrota, Remedios la Chaparra, Remedios la Silva, María la  Pota y Dolores la Garrota.  En la fila de abajo están : Manuela la de Pochoro, María la de Paso (tu madre), Agustina la Silva y Carmen Sánchez. Algunas que no pocas, están muertas por desgracia. Es una época que  a pesar de ser un niño recuerdo perfectamente, pues la mayoría de  las mujeres de la foto trabajaron algún tiempo  con  mi padre y me emperraban mucho. !Pero què época! En la temporada de matanza, pleno empleo. Recuerdo que el trabajo se acumulaba y había que doblar por las noches, sobre todo las mujeres.  Me contaban que en la fábrica de  Coronado, para que las mujeres no se durmieran en las artesas y ataran más ponían a una hermana de Fernando Guerrero llamada Lucia a rezar el rosario,  (una estrategia informática de la época) de esa forma con el sonsonete adelantaban más. Se iba mucho la luz, pero para eso estaban las energías renovables de la época (candiles y carburos). Bueno nada de frío en las artesas, para eso existían los calefactores individuales: latas de sardinas o tomates, con  un asa y repletas de picón, responsables de las temidas cabrillas en las piernas muy temidas por las más jóvenes, pues luego se las veían con las medias de cristal. Las más jóvenes, recién terminada la edad escolar, empezaban en las matanzas de pelaajos que era la primera parte del máster matancero, pasaban luego a coger los ganchos en los despieces que se hacían en el suelo, seguían de maquinantas y terminaban en la artesa; siendo las más espabilás, las que a mano llenaban las cañas a las que  a veces había que ponerle remiendos llamados calcetas, las tripas culares eran muy estrechas y  se rompían.  Y nada os digo de los pocos riferos (matarifes) que habia: —Manuel Cojones, los Críspulas,Tío Cristales, Pegatiros, Retamones y otros...el Litri y el Tumba... Estos últimos son mas nuevos. No  hay que olvidar las recogidas de sangre en las corrraletas de los  mataderos.  Recuerdo a Facundo el Cojo que vendía avellanas y su mujer Agustina, que  mandaban los barriles de sangre a La Palma del Condado para mezclar con  el vino blanco. Toda una sucesión de nostalgias de una época, que  Cumbres vivió su época dorada, pues hubo una temporada que se mataron treinta y  ocho mil cochinos.

Cita Gabriel, al principio, a Paco Benítez; recuerda a las matanceras, las estrategias informáticas de la época, las energías renovables, los calefactores individuales, el máster matancero, los riferos o matarifes...

 ...Ver, sentir, recordar: la mirada aguda  y divertida de Gabriel...Con los ojos al Cielo. ¡Va por él!

Continuará...

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