Inventario 2
Cuando el Arzobispo terminó de leer el informe del sacerdote ecónomo don Francisco de Paula Balaguer y Márquez acerca de la pelotera, el follón y la agarrada del párroco don Joaquín Reyes Méndez con el alcalde, que tenía partido el pueblo por la mitad entre curistas y no rebollistas, frunció el ceño, fijó la vista en los cuadros de Zurbarán y Murillo, de Herrera el Viejo y Juan de Espinal de la pinacoteca, y ya en la biblioteca dispuso su archivo sin más preámbulo. Pasado el salón de palacio por la escalera central el Arzobispo bajó al patio, salió a la plaza Virgen de los Reyes y por la puerta de Palos entró en la Catedral. A su memoria vino el inventario que don Francisco de Paula Balaguer había hecho de nuestra iglesia de San Miguel Arcángel apenas unos meses antes. Ni que decir tiene, por mi parte, que mis monólogos todos a la vez son un mismo, un sólo monólogo. Que soy yo, Cumbres Mayores: mi historia, mis alegrías y mis penas, mis sabores y sinsabores, leyendas, tradiciones y costumbres; que se funden cada día que me besa esta sierra de mis entrañas que vive en mis adentros y levanta cada tarde la brisa que se filtra hasta mis tuétanos.
Por aquel entonces. Juan Belmonte, el Pasmo de Triana, había dado la alternativa a Enrique Torres que la prensa en general proclamó como el sucesor directo de Chicuelo. De moda Cagancho, el torero gitano, desigual, inigualable, con personalidad propia, que no estaba bien todos los días pero cuando decía "allá voy" no había más remedio que olvidar y perdonarle los errores. Gitanillo de Triana. El Algabeño. Cayetano Ordóñez el Niño de la Palma. Por aquel entonces. Abril. Domingo de Resurrección. Sevilla. Era la II República después de las elecciones. Alfonso XIII que se fue a Roma. Pero volvamos con nuestro Arzobispo en la Capilla Real de la Catedral con el inventario de bienes de la iglesia. Descripción del templo. A la derecha, Capilla de las Ánimas. Al fondo de ella, sepulcro en mármol de Joaquín Bilbao, destinado a los restos de don José María Morón y Barrientos. Entre dos columnas de jaspe una Dolorosa al pie de la Cruz, puede que perfecta pero a la que falta perspectiva. Sobre el Altar un cuadro viejo. Enfrente San Antonio Abad, regular escultura. La Capilla está pavimentada de mármol blanco echado a perder por la destilación de la bóveda pintada en mala hora al óleo. Tiene la Capilla zócalo de azulejos árabes. Yo he adquirido un candelabro de hierro para las velas que traen los devotos. Cierra la Capilla una reja bien trabajada de hierro forjado, donación de don José María Morón. Enfrente la Capilla del Sagrario. Está cerrada también por una reja espléndida de hierro forjado. Su Altar principal que es dorado, barroco y muy rico, ostenta a la Santísima Virgen del Rosario, muy bella. A un lado y otro San José, sin el Niño, y un Niño Jesús sin mérito alguno. Barandilla de hierro. A la derecha Santo Cristo de la Humildad (del antiguo Convento de Santa Clara) hermosísima efigie. A los pies San Antonio de Padua, mal hecho. El retablo, barroco, es muy artístico. A la izquierda, retablo de igual estilo. Con el Sagrado Corazón, devota y pequeña imagen moderna. Y una tablita de la Purísima que parece interesante. Saliendo del Sagrario nos hallamos ante el Altar de la Santísima Virgen de los Dolores, primorosa y bella efigie de vestir. Varias tablas con pasos de la Pasión bastante buenas. El retablo barroco y dorado. Elegante. Enfrente, el Altar de San José, neoclásico, de color jaspe oscuro, que desentona del conjunto de la iglesia aunque se trata de un buen trabajo. La imagen de San José del siglo XVIII, devota y artística. Altorrelieve de San Pablo y otros, bien hechos pero desaprobables por el colorido. Al pié de San José el Cristo de la Buena Muerte en el Sepulcro. Finalmente, se alza el Altar Mayor sobre escalinata de mármol artificial con ambones y barandas de hierro y metal, regalo de don José María Morón. En su retablo de estilo barroco de prolija talla, magnífico, dorado, destaca la imagen de San Miguel; a uno y otro lado San Juan Bautista y San Pedro; arriba el Calvario, el Cristo que llaman de la Viga es muy raro pero notable. Sobre San Miguel, antiguo manifestador, en el que he colocado a la Virgen de Tórtola, buena escultura del Renacimiento, algo deteriorada. A su lado dos ángeles arrodillados. Por otra parte me queda por mencionar el Resucitado, imagen poco afortunada que no tiene Altar.
Concluida la lectura del inventario el Arzobispo salió de la catedral por la puerta del Perdón y por el Patio de los Naranjos accedió a la calle Alemanes, fascinado como siempre por la Giralda, miró esperanzado al Cielo de Sevilla.
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